15 de febrero de 2013

Morir - de amor, de tristeza -


Morir - de amor, de tristeza -



Seguramente todos escucharon la frase, con diferentes formas y en diferentes contexto, "nadie se muere de amor"; o incluso esa que dice "estar triste no es la muerte de nadie"... Pues, yo no opino igual.

Las personas no somos aquello que hacemos, no es eso lo que nos define y nos identifica; no podemos encasillar a una persona por su trabajo o profesión, incluso las actitudes no nos definen siempre, porque no todos actuamos de acuerdo a lo que pensamos; y ese es otro gran error, pero que no tiene nada que ver con el tema de hoy, o tal vez si, no lo sé, pero no voy a adentrarme en ese camino.
En fin, en mi opinión -humilde, equivocada, mía- lo que nos marca, lo que nos separa del resto es aquello que amamos y la forma en la que amamos.
Entonces, si lo que amamos nos define, si amamos a alguien en particular y ese amor se termina, una parte de nosotros muere con ese amor; lo que me lleva a afirmar que esa parte, ese pequeño pedazo de nuestro corazón, alma y mente que estaba dedicado a amar ese detalle de la vida, muere y está muriendo por amor, o por la falta de él; que es lo mismo y, al mismo tiempo, es todo lo contrario.

No saben cuanto me está costando escribir está entrada, de hecho llevo una semana dándole vueltas al asunto, tal vez porque en este mismo momento una parte de mi está muriendo, una parte que se había hecho ilusiones, que tenía esperanzas, que había empezado a enamorarse, a amar a una persona que termino por convertirse en una completa desilusión.

Tal vez sea su culpa, o tal vez la mía; siempre digo que mi mayor virtud es también mi peor defecto, y es la imaginación. La he dejado libre, la he dejado volar, demasiado rápido, demasiado alto; y se puso fuera de mi alcance, dejándome sola en la realidad, que no era ni la mitad de especial de lo que había llegado a soñar.




Y es en este punto donde entra la tristeza; perder algo que teníamos es doloroso, pero perder algo que deseábamos tener, que casi habíamos conseguido, resulta más doloroso aún porque no hemos tenido la oportunidad de disfrutarlo siquiera. La tristeza se va colando poco a poco en nuestros días, primero le hacemos frente, tratamos de ignorarla, de evitarla, pensando que todavía hay posibilidades de recuperar lo que no pudimos tener; pero llega un momento en que nada de eso sirve y nos toma prisioneros.
El dolor, la apatía, la indiferencia, todo ello fruto de la misma tristeza, van apareciendo con el pasar de los días. Hasta que toman posesión de la mente, el corazón y el alma. Y así, sin más, hemos muerto de tristeza. Porque una parte de nosotros no va ser lo que era. Podemos, con el tiempo, volver a sonreír, volver a amar, volver a vivir, pero no seremos aquellos que eramos antes de la posesión, no, habremos cambiado, crecido, madurado, aceptado y aprendido una lección. 
Volveremos a la vida con más experiencia, más preparados, diferentes, y en cierta forma, nuevos. Dejando atrás un pasado que no se puede cambiar, sólo llevando con nosotros aquello que nos permitirá sobrevivir en las situaciones que vendrán.


Lo que parecía en principio una locura termina teniendo sentido. Nacemos y morimos miles de veces durante una sola vida - y, encima, hay personas que piensan en la eternidad, ¿será que no les alcanza con sufrir tantos cambios y transformaciones? -. Recuerden que todo es un ciclo, un circulo cerrado donde todo comienza y termina una y otra y otra vez; hasta que hemos aprendido todas nuestras lecciones, hasta que hemos dado el máximo de nosotros y merezcamos la tan ansiada paz.

Y si mis palabras no los han convencido, seguro que conocen ese dicho que habla de un hombre que visita dos veces en su vida el mismo río; sin embargo, ni el hombre ni el río son los mismos. 
El hombre ha vivido muchos años entre ambas visitas con todo lo que vivir conlleva, y a pesar de que físicamente sigue siendo el mismo, sigue llevando el mismo nombre, su espíritu, su alma, ha cambiado. En cuanto al río, hace tiempo que las aguas que el hombre viera por primera vez dejaron ese paraje, corrieron hasta llegar al mar, y del mar al océano, para transformarse en vapor, viajar por las nubes y volver a la tierra en forma de gotas de lluvia; por lo cual, el río tampoco sigue siendo el mismo, ha cambiado.
Ambos cumplieron su ciclo. Nacieron y murieron en cada recodo del camino que tuvieron que atravesar.



En esto momento puede sonar trágico o dramático, pero déjense morir de vez en cuando, no rechacen las lecciones de la vida; mueran, hagan el duelo, y vuelvan a nacer, que el circulo de la vida no los dejara irse hasta que hayan cumplido su misión en la tierra.


¡Hasta que volvamos a encontrarnos!
Saludos



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